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Soledad

“Estad quietos en la soledad y encontraréis al Señor en vosotros mismos” - Teresa de Ávila

Jesús nos llama de soledad en soledad porque nos aterra el miedo a estar solos.

“La soledad es cuando se echan de menos. La soledad es cuando te encuentras a ti mismo.” - Osho

Nuestro miedo a estar solos nos lleva al ruido de las multitudes.

La soledad es un vacío interior. La soledad es una realización interior.

La soledad no es un lugar, sino un estado mental y del corazón.

Jesús vivió en “soledad en su corazón”:

1) Comenzó su ministerio pasando 40 días y 40 noches solo en el desierto (Mateo 4:1-11);

2) Antes de elegir a los doce, pasó toda la noche solo en la montaña del desierto (Lc 6,12);

3) Cuando recibió la noticia de la muerte de Juan el Bautista, “se fue de allí en una barca a un lugar desierto, él solo” (Mateo 14:13);

4) Después de la alimentación milagrosa de los cinco mil, Jesús mandó a los discípulos que se fueran; luego despidió a la multitud y “subió al monte a orar solo…” (Mateo 14:23);

5) Después de una larga noche de trabajo, “Levantándose muy de mañana, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba” (Mc 1,35);

6) Cuando los Doce regresaron de una misión de predicación y sanación, Jesús les instruyó: “Vengan y descansen un poco aparte…” (Marcos 6:31);

7) Después de curar a un leproso, Jesús “se apartaba a lugares solitarios y oraba” (Lucas 5:16);

8) Con tres discípulos buscó el silencio de una montaña solitaria como escenario de la transfiguración (Mateo 17:19);

9) Mientras se prepara para su obra más sublime y sagrada. Jesús buscó la soledad en el Huerto de Getsemaní (Mateo 26:36-46)

Si queremos estar con los demás de manera significativa, debemos buscar el silencio que recrea la soledad. Si queremos estar solos en seguridad, debemos buscar la compañía y la responsabilidad de los demás.

Si queremos vivir en obediencia, debemos cultivar ambas.

Soledad y Silencio


Lea Santiago 3:1-12

Sin silencio no hay soledad.

Bajo la disciplina del silencio y la soledad aprendemos cuándo hablar y cuándo refrenar nuestra lengua. (Santiago 3:1-12)

“Como manzanas de oro en fuentes de plata, Así es la palabra dicha en su tiempo” (Proverbios 25:11)

Confiamos demasiado en las palabras para maniobrar y controlar a los demás. Si nos callamos, ¿quién tomará el control? Dios lo hará; pero nunca dejaremos que se haga cargo hasta que confiemos en él. El silencio está íntimamente relacionado con la confianza.

La lengua es un termómetro; nos dice cuál es nuestra temperatura espiritual. También es un termostato; controla nuestra temperatura espiritual.

Sólo cuando hayamos aprendido a estar verdaderamente en silencio podremos pronunciar la palabra necesaria en el momento adecuado.

Pasos hacia la soledad

Veamos algunos pasos para vivir la soledad:

1) Aprovechar las “pequeñas soledades” que llenan nuestra vida cotidiana.
2) Encuentra una nueva fuente de alegría y sentido en los pequeños tramos de desplazamiento de tu vida diaria (casa - escuela, escuela - casa, casa - iglesia, etc…)
3) Antes de acostarse, saboree la noche silenciosa afuera.
4) Encuentra un lugar tranquilo en la casa para estar en silencio y soledad (este puede ser difícil eh)
5) Busca lugares fuera de casa, un parque, una playa, junto al mar, etc…
6) Note su sensación de temor de que la gente malinterprete por qué está haciendo esto. Trate de dejar que Dios sea su justificador.
7) Tiende a permanecer en silencio durante algunos períodos.
8) Márcate metas realistas para tu vida en esta etapa que estás atravesando. Piense en pequeños pasos que darán forma a su futuro. (Sería interesante llevar un registro…)
9) La disciplina del estudio puede ser una importante puerta a la soledad.

Usa la creatividad y el sentido común para tener un momento de silencio en tu vida diaria.

El fruto de la soledad es una mayor sensibilidad y compasión por los demás. Surge una nueva libertad para estar con la gente. Hay una nueva atención a tus necesidades, una nueva responsabilidad por tus heridas.

“Señor, promueve en nuestra vida diaria momentos en los que en la soledad y en el silencio pueda verdaderamente encontrarte y encontrarme a mí mismo. Que haya un encuentro de los dos siempre en estos momentos. Amén.”


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